Para limpiar vale cualquiera

 ¿Verdad o mito?

En los últimos años la limpieza ha alcanzado tal importancia que día tras días se incorporan nuevas tecnologías y productos para todo tipo de entorno y de necesidad. Sin embargo, la imagen que tenemos del personal de limpieza se ha quedado anclada a estereotipos difíciles de superar. Y es que los medios de comunicación tampoco ayudan. En muchas películas o anuncios, el rol del limpiador lo desempeña casi siempre una mujer de edad avanzada, en bata, limpiando portales con cubo y fregona. Es otras palabras, la limpieza se sigue considerando como un trabajo exclusivo para mujeres, que no requiere formación y que cualquiera puede hacer.

¿Es eso cierto? Pues, como toda generalización, poco fundamento tiene. 

Para empezar, hay muchísimos tipos de limpieza y cada uno implica poseer habilidades previas específicas. Evidentemente, la limpieza de una oficina no requiere la misma preparación que la limpieza de una fábrica o de un garaje. Cambian las herramientas, las máquinas, las alturas y por supuesto los riesgos. Todas estas variables han de tenerse en cuenta para lograr una limpieza eficaz y duradera.

Y no… no todo se soluciona con lejía. Hay un producto adecuado para cada superficie y mancha, dependiendo además de la ubicación. Si estás en Zaragoza, tienes que saber que el agua es muy dura y necesitas un producto de limpieza con un ph muy alto. Si aplicas un producto químico incompatible con la madera puedes provocar su desgaste. Se hace patente que solo un profesional preparado puede conocer la composición y la compatibilidad entre productos y superficies. Y más importante aún, tiene conocimientos sobre el medio ambiente y la sostenibilidad para que la limpieza sea segura y responsable.

industrial-1636383_1920Otro aspecto muy importante es, sin duda, la formación que recibe el trabajador en materia de prevención de riesgos laborales. Aunque no lo parezca, la limpieza es un trabajo intenso que implica una carga física prolongada y el mantenimiento de una postura forzada que puede provocar serios problemas musculares. El empleado tiene que ser capaz de identificar los riesgos en función del tipo de limpieza y del manejo que hará del equipo de trabajo. Siempre ha de evaluar si se trata de un trabajo en altura, el estado del suelo, el tipo de iluminación y la posible presencia de obstáculos con el fin de evitar caídas, golpes y cortes. Por su parte, la empresa de limpieza se encarga de facilitar a sus trabajadores los equipos de protección individual necesarios (guantes, gafas, mascarillas etc…).

Por muy mecanizada que sea, la limpieza es un sector que se basa en las personas. Y los clientes, cada vez más, exigen profesionalidad y soluciones inmediatas. Ya nadie se plantea contratar una limpieza que no sea perfecta y minuciosa. De ahí que la formación haya de ser continua, de cara a las nuevas normas ISO de calidad y a los deseos del consumidor. A largo plazo, las empresas de limpieza que invierten en la formación son las que marcan la diferencia. Un buen especialista proyecta una imagen corporativa seria y hace que el cliente contrate el servicio de forma periódica. En otras palabras, genera una cifra de negocio mayor.

Afirmar que “cualquiera puede limpiar” no es más que un cliché ya que, precisamente, la formación es el factor clave que hace triunfar a las empresas en un mercado competitivo como el actual. 

En cuanto a la oferta formativa, el capital humano de las empresas de limpieza cuenta con un importante aliado. Desde 1979, ITEL (Instituto Técnico Español de Limpieza) ofrece formación a los profesionales del sector de la limpieza, a través de un campus virtual que brinda el acceso  a cursos online, revistas técnicas, artículos y noticias de interés. Además, cada año pone a disposición de las empresas una financiación pública para  poder formar a sus trabajadores y ser más competitivas en un mercado cada día más tecnológico.

Así las cosas, ¿qué es necesario para trabajar en la limpieza?

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  • Saber distinguir y utilizar correctamente la maquinaria en función del tipo de limpieza a realizar.
  • Conocer las características de los productos de limpieza y su compatibilidad con los materiales.
  • Tener buena capacidad organizativa para obtener el mejor resultado ahorrando tiempo y por lo tanto dinero.
  • Comprender la importancia de la prevención y de las medidas de riesgos laborales.
  • Emprender un proceso de formación ininterrumpida, apoyándose en instituciones tan importantes como ITEL.

Con todo, la formación del equipo humano es una labor vital para las empresas de limpieza. Es un verdadero compromiso con la calidad y les permite destacar asegurando la satisfacción de sus clientes actuales y futuros.

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